El sector jerusalemita, una facción ultraortodoxa radical en Israel, ha pasado de ser un grupo marginal a convertirse en un actor central en las protestas violentas contra el servicio militar obligatorio. Su crecimiento refleja tanto la debilidad del mainstream ortodoxo como la incapacidad del Estado de imponer acuerdos estables.
El sector jerusalemita nació en la yeshivá Ponivezh de Bnei Brak a fines de los años 90, tras un conflicto sucesorio entre rabinos lituanos. La división se profundizó en 2012 con la muerte del rabino Yosef Shalom Elyashiv: Aharon Leib Shteinman, pragmático y dispuesto a dialogar con el Estado, se enfrentó a Shmuel Auerbach, radicalmente opuesto a cualquier contacto. Los seguidores de este último se separaron en 2013, fundaron el diario HaPeles y boicotearon elecciones.
Durante años fueron un grupo marginal, despreciado incluso dentro del mundo ortodoxo. Sin embargo, hoy marcan la agenda del judaísmo ultraortodoxo en Israel. Según ynet.co.il, su influencia creció al calor de la incapacidad del Estado de sostener acuerdos estables sobre el servicio militar obligatorio.
Crecimiento y radicalización
El sector jerusalemita ha pasado de ser un grupo minoritario a convertirse en motor de las protestas violentas contra el reclutamiento de jóvenes ortodoxos.
- Disturbios recientes: ataques a la casa del juez supremo Noam Sohlberg, intentos de irrumpir en viviendas de oficiales de policía y ejército, bloqueos de carreteras y motines en Bnei Brak.
El sector jerusalemita ha pasado de ser un grupo minoritario a convertirse en motor de las protestas violentas contra el reclutamiento de jóvenes ortodoxos.
- Organización interna: redes como Tzeva Shajor (“Color negro”) envían alertas telefónicas en tiempo real sobre intentos de arresto de desertores, movilizando multitudes para impedir detenciones. Más de 100.000 ortodoxos están registrados en estas plataformas.
- Atracción juvenil: su discurso radical y directo resulta más convincente para jóvenes ortodoxos que perciben debilidad en los rabinos del mainstream.
Factores políticos
- Debilidad del mainstream ortodoxo: Los partidos tradicionales (Shas, Degel HaTorah, Agudat Israel) han perdido legitimidad al no lograr leyes de exención estables. Esto ha permitido que el sector jerusalemita se presente como la voz auténtica contra el Estado.
- Alianza con la derecha cuestionada: Analistas como Sherri Roth (Haredim10) sugieren que la crisis podría romper el vínculo histórico entre ortodoxos y derecha, abriendo la posibilidad de alianzas con gobiernos de centroizquierda.
- Legitimación del discurso radical: Incluso líderes mainstream como el rabino Dov Lando han adoptado un tono antisionista similar al del sector jerusalemita, difuminando las diferencias internas.
Impacto en el Estado y el ejército
El sector identifica al Tribunal Supremo como “enemigo real”, acusándolo de imponer igualdad en la carga militar. Para Abraham Menkes, vocero del grupo, “no hay Estado democrático sin derecho a la protesta”, justificando las manifestaciones violentas como única vía de expresión para un público sin representación política ni medios propios.

El ejército israelí ha intentado integrar a los ortodoxos creando brigadas específicas, como la nueva unidad de combate ultraortodoxa en el Valle del Jordán, con infraestructura adaptada a sus necesidades religiosas. Sin embargo, el rechazo del sector jerusalemita a cualquier forma de servicio nacional o comunitario mantiene abierto el enfrentamiento.
Conclusión
El sector jerusalemita representa la radicalización de una minoría que se convirtió en referente para amplios sectores ortodoxos. Su crecimiento se explica por la debilidad del mainstream religioso, la falta de políticas estables del Estado y la atracción que ejerce su discurso confrontativo sobre los jóvenes. Hoy, más que un grupo marginal, es un actor político y social que desafía tanto al sistema judicial como a la alianza histórica entre ortodoxos y derecha.


