Robots de reparto: entre la promesa tecnológica y el rechazo social

 

Los robots autónomos de entrega, que desde 2018 se multiplican en ciudades de Estados Unidos, Europa y Asia, se presentan como símbolo de innovación urbana. Equipados con cámaras, sensores y sistemas de navegación, estas pequeñas máquinas de seis ruedas han realizado millones de entregas de alimentos y medicamentos, con un mercado que crece a ritmo acelerado. Israel también adoptó brevemente la tendencia. En 2022, robots operados por la empresa tecnológica rusa Yandex circularon por las veredas de Tel Aviv bajo la marca Yango Deli.

Sin embargo, la expansión global enfrenta crecientes resistencias. En Chicago, tras accidentes y bloqueos de veredas, las autoridades prohibieron su circulación en dos zonas de la ciudad. Toronto los vetó en 2021 por presión de organizaciones de accesibilidad, mientras que San Francisco limitó su número tras denuncias de vecinos y activistas. En Europa, ciudades como París y Londres advierten que sus veredas estrechas y empedradas complican la convivencia entre peatones y robots, y en Inglaterra algunos equipos de Uber Eats fueron incluso vandalizados.

Israel también adoptó brevemente la tendencia. En 2022, robots operados por la empresa rusa Yandex circularon por Tel Aviv bajo la marca Yango Deli.

Israel también vivió el fenómeno. En 2022, la empresa rusa Yandex lanzó un programa piloto en Tel Aviv bajo la marca Yango Deli. Los robots, que repartían víveres desde depósitos a hogares y oficinas, generaron entusiasmo inicial pero pronto desataron críticas. Vecinos denunciaron que bloqueaban veredas ya saturadas por bicicletas y monopatines, y el municipio ordenó suspender la experiencia al constatar que la compañía había ampliado operaciones sin permisos completos. Desde entonces, no volvieron a circular en espacios públicos.

La industria, sin embargo, no se detiene. Según un informe de la consultora Transforma, para 2034 podrían estar en funcionamiento más de 2,1 millones de robots de reparto en todo el mundo. Empresas como Starship defienden su seguridad y aseguran que no almacenan datos personales. En Israel, firmas como 10bis y la startup Karry exploran un modelo alternativo: robots que se desplazan dentro de edificios de oficinas, evitando la interacción con el espacio público y las regulaciones municipales.

Amazon opera el robot de entrega conocido como Scout (Foto: Amazon)

El futuro de estos dispositivos parece depender de dos factores: la capacidad tecnológica para superar obstáculos urbanos y la aceptación social de comunidades que, por ahora, los ven más como una molestia que como una solución.

Fuente: Ynet Global

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