El acuerdo marco firmado el 26 de junio de 2026 entre Israel y Líbano, con mediación de Estados Unidos, fue presentado como un “primer paso hacia la paz”. Sin embargo, en Israel las reacciones son cautelosas: el gobierno de Benjamin Netanyahu insiste en mantener tropas en el sur del Líbano hasta que Hezbollah se desarme, mientras analistas advierten que el pacto deja abiertas tensiones internas y regionales.
Los términos del acuerdo
La firma se realizó en Washington, con la participación del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el embajador israelí Yechiel Leiter y la embajadora libanesa Nada Hamadeh. El texto completo no fue difundido, pero contempla la creación de “zonas piloto” al norte y sur del río Litani, donde el ejército libanés asumiría control progresivo. Estados Unidos anunció un paquete humanitario de 100 millones de dólares y fondos adicionales para fortalecer las Fuerzas Armadas libanesas. Netanyahu subrayó que Israel permanecerá en la “zona de seguridad” hasta que Hezbollah se desarme.
Reacciones en Israel
El primer ministro Benjamín Netanyahu calificó el acuerdo como “un golpe a Irán”, pero aclaró que los civiles desplazados no podrán regresar aún a las zonas bajo control israelí.
Según el analista de Ynet Itamar Eichner, el pacto es ambiguo y difícil de implementar, pues depende del desarme de Hezbollah, considerado improbable. Eichner escribió que Israel no puede confiar en que el ejército libanés sustituya a Hezbollah en el sur.
La agencia Reuters informó que el acuerdo es un “primer paso hacia la paz”, aunque la permanencia de tropas israelíes en el sur refleja la fragilidad del pacto.
En tanto, la agencia Associated Press considera que el marco trilateral con Estados Unidos busca estabilizar la frontera, aunque la oposición de Hezbollah amenaza con bloquear su aplicación.
La perspectiva libanesa
El presidente Joseph Aoun celebró el acuerdo como un paso hacia la “restauración de la soberanía plena” y el regreso de los desplazados. Hezbollah rechazó el pacto, advirtiendo que podría derivar en “guerra civil” si el gobierno intenta aplicarlo. La sociedad libanesa expresa incertidumbre sobre la capacidad del ejército para controlar las zonas que hoy son dominadas por Hezbollah.
Opiniones de expertos
El analista Shmuel Rosner, de Instituto de Políticas del Pueblo Judío (JPPI por sus siglas en inglés), opinó que el acuerdo es más simbólico que práctico; Israel seguirá dependiendo de su presencia militar para garantizar seguridad.
La especialista Helit Barel, ex integrante del Consejo de Seguridad Nacional, opinó que la presión estadounidense condiciona la política israelí, pero el desarme de Hezbollah es una meta irreal.
Analistas en Washington, como los de Brookings y CSIS, opinaron que el pacto busca contener la influencia iraní en Líbano más que resolver el conflicto fronterizo.
Conclusión
El acuerdo Israel–Líbano es visto en Jerusalén como una tregua provisional más que como un tratado definitivo. Para Netanyahu, representa una victoria simbólica contra Irán, pero en la práctica mantiene a Israel en una posición militar prolongada en el sur del Líbano. En Beirut, el gobierno lo celebra como un avance hacia la soberanía, aunque la oposición de Hezbollah pone en duda su implementación.


