Netanyahu y la batalla por la memoria del 7 de octubre

Un informe publicado por Ynet sostiene que el documento presentado por el primer ministro sobre los meses previos al ataque de Hamás contiene omisiones, citas parciales e interpretaciones discutidas por los responsables de seguridad de la época. El oficialismo rechaza las acusaciones y asegura que fueron los organismos de inteligencia quienes subestimaron la amenaza. El debate no es menor si se tiene en cuenta que se trata de una pelea por el relato histórico de un hecho que marcará la política israelí durante varios años.

Tres años después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, la discusión en Israel ya no gira únicamente en torno a cómo ocurrió el peor fracaso de seguridad de la historia del país, sino también acerca de quién carga con la responsabilidad política de lo sucedido.

En el centro de esa controversia se encuentra un documento de 55 páginas divulgado por el primer ministro Benjamín Netanyahu en febrero de este año como respuesta a las preguntas formuladas por el Contralor del Estado sobre los acontecimientos que precedieron al ataque. En ese texto, Netanyahu sostiene que impulsó medidas agresivas contra Hamás durante años, mientras que los máximos responsables de seguridad se opusieron de manera sistemática y transmitieron la evaluación de que la organización terrorista estaba disuadida y no constituía un peligro inminente.

Sin embargo, una extensa investigación publicada esta semana por Yedioth Ahronoth e Ynet, firmada por los periodistas Ronen Bergman y Yuval Robovich, concluyó que el documento contiene omisiones significativas y presenta una imagen incompleta de las discusiones mantenidas antes de la masacre. Según los periodistas, la comparación entre el texto difundido por Netanyahu y actas originales, documentos de seguridad y testimonios ofrece una realidad mucho más compleja.

Qué sostiene Netanyahu

La tesis central del primer ministro es conocida: los organismos de inteligencia, las Fuerzas de Defensa de Israel y el Shin Bet compartían una concepción según la cual Hamás estaba interesado en preservar la calma en Gaza y evitar una confrontación a gran escala.

En la documentación entregada al Contralor, Netanyahu argumentó que la principal responsabilidad del fracaso recae sobre quienes elaboraron esas evaluaciones y no sobre el liderazgo político. Asimismo, aseguró que recibió información según la cual Hamás no poseía capacidades para ejecutar una invasión terrestre de gran escala contra las comunidades fronterizas.

Netanyahu argumentó que la principal responsabilidad del fracaso recae sobre quienes elaboraron esas evaluaciones y no sobre el liderazgo político.

El Likud y los aliados del primer ministro sostienen además que Netanyahu nunca recibió una advertencia concreta sobre un ataque inminente y que durante años escuchó reiteradamente la misma evaluación de que Hamás buscaba estabilidad económica y no una guerra abierta.

Las objeciones de Ynet

La investigación de Ynet cuestiona precisamente esa reconstrucción de los hechos. Uno de los ejemplos más relevantes citados por el periódico señala que el 6 de abril de 2023 el entonces jefe del Shin Bet, Ronen Bar, y el jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi, habrían recomendado acciones ofensivas contra dirigentes de Hamás, algo que contradice la imagen de unos responsables de seguridad exclusivamente partidarios de la contención.

Asimismo, según el informe, en septiembre de 2023 Bar advirtió que la situación estratégica era grave y que existía la posibilidad de una convergencia de amenazas en varios frentes. Ynet sostiene que estas advertencias aparecen minimizadas o directamente ausentes en la versión divulgada por el primer ministro Netanyahu.

La investigación también afirma que una evaluación militar elaborada apenas cuatro días antes de la masacre recomendaba impedir que Hamás continuara fortaleciendo determinadas capacidades militares incluso a costa de una escalada limitada. Esa recomendación, según los periodistas, tampoco fue incorporada en el documento presentado por Netanyahu.

Lo que dicen los críticos de Netanyahu

Los cuestionamientos no proceden únicamente de medios identificados con la oposición.

Durante los últimos meses, antiguos responsables de seguridad, familiares de víctimas y ex funcionarios han acusado al primer ministro de intentar construir un relato destinado a transferir la responsabilidad casi exclusivamente al estamento militar y de inteligencia, según señala el medio Times of Israel.

También han surgido controversias sobre la publicación selectiva de protocolos y extractos de reuniones de seguridad. El ex jefe del Shin Bet, Ronen Bar, ha sostenido que algunos fragmentos fueron difundidos sin el contexto completo y reclamó la publicación íntegra de las transcripciones.

Del mismo modo, sectores de la oposición argumentan que la discusión no puede limitarse a las horas previas al ataque, sino que debe abarcar las políticas seguidas durante más de una década hacia la Franja de Gaza, incluyendo la estrategia de contención de Hamás y la autorización de transferencias financieras cataríes al enclave.

La postura del oficialismo

Desde el entorno del primer ministro rechazan de plano las acusaciones. El Likud calificó las revelaciones de Ynet como «propaganda política» y sostiene que ciertos sectores del establishment de seguridad y de los medios de comunicación intentan impedir que se investiguen sus propios errores, revela el medio The Insigth International.

Sectores de la oposición argumentan que la discusión no puede limitarse a las horas previas al ataque, sino que debe abarcar las políticas hacia gaza seguidas durante más de una década.

Los defensores de Netanyahu recuerdan además que numerosas investigaciones oficiales de las FDI, del Shin Bet y de la inteligencia militar reconocieron graves fallas en la recopilación y análisis de información antes del ataque, así como una extendida creencia de que Hamás no estaba interesado en desencadenar una guerra total.

Desde esta perspectiva, el documento divulgado por el primer ministro constituye un intento de incorporar al debate materiales que, según sus partidarios, habían permanecido fuera de la discusión pública.

Más que un debate histórico

La polémica tiene además una dimensión política inmediata.

Con elecciones previstas para las próximas semanas, la discusión sobre las responsabilidades del 7 de octubre se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la campaña israelí. Cada nuevo documento, testimonio o filtración es interpretado por una parte como una prueba de la responsabilidad del liderazgo político y por la otra como evidencia de los errores cometidos por los organismos de seguridad.

Tres años después de la masacre, sigue habiendo consenso en un punto: el ataque fue el resultado de una combinación de fallos políticos, militares e intelectuales. Lo que continúa dividiendo profundamente a la sociedad israelí es la pregunta sobre cuál de esos factores tuvo el peso decisivo y quién deberá asumir la mayor responsabilidad cuando finalmente se escriba la versión definitiva de los hechos.

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