Informe especial: la crisis de las plantas desalinizadoras en Israel por una proliferación de microalgas

La aparición masiva de microalgas en el Mediterráneo obligó a suspender parcialmente la actividad de la mayoría de las plantas desalinizadoras del país. Aunque el suministro doméstico se mantiene, el episodio expuso la fuerte dependencia israelí de una infraestructura que aporta cerca del 80% del agua potable urbana.

Israel enfrenta una de las mayores perturbaciones registradas en su sistema de producción de agua potable después de que una proliferación de microalgas en el Mediterráneo oriental obligara al cierre parcial o total de cinco de las seis principales plantas desalinizadoras del país. El episodio ha puesto a prueba un sistema que durante años fue presentado como un modelo mundial de seguridad hídrica y ha reabierto el debate sobre la dependencia israelí de la desalinización.

Según informaron Ynet, la Autoridad del Agua de Israel y el Instituto Israelí de Investigación Oceanográfica y Limnológica (IOLR), una proliferación masiva de microalgas habría provocado un aumento excepcional de la turbidez del agua marina, dificultando el funcionamiento de los sistemas de filtrado de las plantas desalinizadoras.

Las instalaciones afectadas fueron Ashkelon, Ashdod, Palmachim, Sorek A y Sorek B. Durante varios días, únicamente la planta de Hadera logró mantener una operación regular.

Los investigadores israelíes consideran probable que las microalgas se hayan originado en la región del delta del Nilo, en Egipto, y hayan sido transportadas hacia el norte por las corrientes marinas del Mediterráneo oriental. Imágenes satelitales detectaron extensas concentraciones de algas cerca de esa zona.

¿Por qué las algas representan un problema?

Los expertos explican que las microalgas involucradas son extremadamente pequeñas y pueden atravesar parte de los sistemas preliminares de filtración instalados en las tomas de agua de las plantas desalinizadoras. Esto provoca una sobrecarga en los procesos de pretratamiento y amenaza las delicadas membranas de ósmosis inversa utilizadas para producir agua potable.

Ante ese riesgo, las autoridades optaron por detener las operaciones para evitar daños permanentes a equipos cuyo reemplazo podría requerir meses.

Impacto sobre el suministro de agua

La crisis generó preocupación porque actualmente cerca del 80% del agua potable urbana de Israel proviene de la desalinización.

De acuerdo con Ynet, durante el verano Israel consume aproximadamente 3,9 millones de metros cúbicos de agua por día. El cierre simultáneo de las plantas produjo una reducción potencial de alrededor de 85.000 metros cúbicos por hora en la capacidad de producción.

Las autoridades aseguraron que el abastecimiento doméstico continuaría, aunque se registraron reducciones de presión y cortes localizados en algunas ciudades. También se impusieron restricciones al riego de parques públicos y se redujo temporalmente el suministro destinado a sectores agrícolas, especialmente en el Néguev y el sur del país, de acuerdo con información proporcionada por medios de comunicación israelíes.

Se impusieron restricciones al riego de parques públicos y se redujo temporalmente el suministro destinado a sectores agrícolas.

Municipios como Tel Aviv suspendieron el funcionamiento de duchas y grifos en playas y disminuyeron otros usos considerados no esenciales.

Para compensar la caída de la producción desalinizada, la empresa nacional Mekorot y la Autoridad del Agua recurrieron a diversas fuentes alternativas. Entre ellas se incluyeron la reactivación de pozos, la utilización de infraestructuras antiguas y un incremento del bombeo desde el lago Kineret (Mar de Galilea).

Ynet informó además que el Ministerio de Salud autorizó el uso de algunos pozos que previamente permanecían fuera de servicio por razones preventivas.

La visión de los expertos

Más allá de la emergencia inmediata, varios especialistas sostienen que el incidente dejó al descubierto una vulnerabilidad estructural.

El profesor Dror Avisar, de la Universidad de Tel Aviv, afirmó que la desalinización debería complementar las fuentes naturales de agua y no sustituirlas por completo.

Clive Lipchin, investigador del Instituto Arava de Estudios Ambientales, sostuvo que décadas de dependencia creciente de la desalinización crearon una sensación de seguridad excesiva respecto de la resiliencia del sistema.

Desde la organización ambiental israelí Adam Teva V’Din advirtieron que el episodio demuestra los riesgos de confiar casi exclusivamente en plantas desalinizadoras mientras disminuyen las reservas estratégicas de agua subterránea.

Un llamado de atención para la política hídrica israelí

Aunque varias plantas han comenzado a recuperar parte de su capacidad operativa, el incidente es considerado por numerosos expertos como una advertencia sobre la necesidad de diversificar las fuentes de abastecimiento.

La crisis demostró que incluso un país líder mundial en tecnologías de desalinización puede verse afectado por fenómenos ambientales naturales difíciles de prever. También puso de manifiesto que la seguridad hídrica no depende únicamente de la capacidad tecnológica, sino de la existencia de reservas alternativas, acuíferos protegidos y sistemas de respaldo capaces de responder ante emergencias.

Fuentes principales: Ynet, Autoridad del Agua de Israel, Instituto Israelí de Investigación Oceanográfica y Limnológica, Times of Israel, Euronews Árabe, Israel Noticias y reportes regionales sobre recursos hídricos.

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