Mientras las autoridades israelíes profundizan la investigación sobre el episodio que obligó a un avión de Flydubai a aterrizar de emergencia en Arabia Saudita, el debate interno en Israel se ha desplazado progresivamente desde lo ocurrido dentro de la cabina hacia una pregunta más amplia: cómo un piloto que, según las sospechas israelíes, intentó provocar una catástrofe pudo terminar al mando de un vuelo con destino a Tel Aviv. La discusión ha abierto un fuerte cruce de responsabilidades entre el Ministerio de Transporte y los organismos de inteligencia, como el Shin Bet y el Mossad.
La hipótesis de que el incidente ocurrido en el vuelo FZ1073 de Flydubai fue un atentado deliberado continúa ganando terreno entre responsables políticos y de seguridad israelíes, aunque la investigación oficial sigue en curso. Por ahora lo confirmado oficialmente por las autoridades, según diversos medios tanto israelíes como internacionales, el copiloto, un ciudadano omaní, habría atacado con un hacha al comandante de la aeronave e intentado tomar el control del avión durante el vuelo entre Dubái y Tel Aviv.
El Boeing 737 MAX, que transportaba 174 pasajeros, realizó un brusco descenso, emitió códigos de emergencia y terminó aterrizando en Tabuk, en el noroeste de Arabia Saudita. Posteriormente, los pasajeros fueron trasladados a Israel en otra aeronave.
Aunque Flydubai ha pedido evitar conclusiones prematuras y sostiene que la investigación continúa, el primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que existen indicios de que el copiloto intentó estrellar el avión. Cabe señalar que el hecho sigue bajo investigación de las autoridades de Emiratos Arabes Unidos, que ha evitado dar una conclusión definitiva del hecho.
La batalla por las responsabilidades
En los últimos días, medios israelíes como Ynet, Maariv y otros canales locales han centrado su cobertura en las posibles fallas de supervisión que permitieron que el piloto investigado participara en vuelos hacia Israel.
El eje principal de la controversia gira en torno a la división de competencias entre los organismos encargados de la seguridad aérea y la inteligencia.
Según Ynet, el jefe del Shin Bet, David Zini, llevaba meses advirtiendo sobre deficiencias de seguridad relacionadas con los vuelos procedentes de Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el organismo sostiene que Flydubai, por tratarse de una compañía extranjera, no está bajo su supervisión directa. La responsabilidad sobre compañías extranjeras que vuelan a Israel se distribuye entre distintos mecanismos regulatorios y organismos estatales.
La misma información señala que el Shin Bet había expresado preocupación por el nivel de seguridad de los vuelos procedentes de Emiratos incluso antes del incidente, aunque sus advertencias estaban enfocadas principalmente en las aerolíneas israelíes que operan en la ruta.
Por su parte, el Ministerio de Transporte quedó bajo presión después de que la ministra Miri Regev exigiera revisar las autorizaciones otorgadas a Flydubai. Regev sostuvo que debía investigarse cómo un piloto omaní pudo integrar una tripulación en una ruta hacia Israel, dado que Omán no mantiene relaciones diplomáticas plenas con el Estado israelí.

La ministra también impulsó una revisión de los acuerdos vigentes con la compañía aérea emiratí y reclamó examinar los procedimientos mediante los cuales se aprueba el personal de vuelo autorizado a operar rutas hacia Israel.
El papel del Mossad
La controversia alcanzó igualmente al organismo de inteligencia internacional de Israel, Mossad. Diversos analistas y exresponsables de seguridad citados por medios internacionales cuestionan si los mecanismos de verificación de antecedentes funcionaron adecuadamente. Un informe del diario británico The Telegraph recoge críticas de antiguos funcionarios israelíes que consideran que la inteligencia exterior y otros organismos involucrados en la evaluación de riesgos debieron detectar eventuales señales de radicalización o antecedentes problemáticos del piloto sospechoso.
Paralelamente, varios medios israelíes informan que el Mossad participa activamente en la investigación junto con el Shin Bet, las Fuerzas de Defensa de Israel y el Ministerio de Transporte, intentando determinar si el atacante actuó por iniciativa propia o si existió algún tipo de respaldo externo.
Según algunas publicaciones, una de las líneas de investigación analiza incluso una posible conexión iraní, aunque hasta ahora no se han presentado pruebas concluyentes que respalden esa hipótesis.
Repercusión internacional
El incidente tuvo amplia repercusión en medios y agencias internacionales debido a varias circunstancias excepcionales: la participación de una aerolínea emiratí que mantiene una intensa actividad con Israel desde los Acuerdos de Abraham, el aterrizaje de emergencia en Arabia Saudita y la presunta participación de un miembro de la tripulación en el ataque.
Reuters informó que Israel ordenó endurecer los controles aplicados a las tripulaciones que vuelan al país y destacó que el episodio ha reavivado las preocupaciones sobre la seguridad de la aviación civil en Oriente Medio.
La agencia ANSA señaló que dentro de los servicios de inteligencia israelíes se consolidó rápidamente la percepción de que podría tratarse de un atentado terrorista, mientras continúan los interrogatorios a pasajeros y la recopilación de pruebas.
Por su parte, medios británicos como The Independent destacaron que el Shin Bet ya mantenía desacuerdos con las autoridades emiratíes y con aerolíneas israelíes por cuestiones de seguridad aeroportuaria semanas antes del incidente, aunque aquellas discusiones estaban relacionadas principalmente con amenazas externas y no con la posibilidad de un ataque desde la propia cabina de mando.
Una investigación con implicaciones políticas
Mientras la investigación sigue abierta, el episodio amenaza con convertirse en un nuevo foco de enfrentamiento político en Israel. La cuestión ya no es únicamente qué ocurrió dentro de la cabina del vuelo FZ1073, sino quién debía haber detectado el riesgo antes de que el avión despegara.
La creciente disputa entre organismos de seguridad, reguladores aeronáuticos y responsables políticos refleja la magnitud de un incidente que, según la evaluación preliminar difundida por autoridades israelíes, pudo haber terminado en una catástrofe aérea con cientos de víctimas. La identificación de las responsabilidades institucionales aparece ahora como uno de los principales frentes de una investigación cuyas conclusiones todavía están lejos de conocerse.





