¿Puede Benjamin Netanyahu seguir gobernando? ¿Logrará la oposición construir una alternativa? ¿Es posible un gobierno de unidad nacional? Las respuestas dependerán tanto de los resultados electorales como de la compleja aritmética política que se abrirá después de la votación.
La elección del 27 de octubre no terminará cuando cierren las urnas. De hecho, para muchos analistas, la etapa más decisiva comenzará después del escrutinio.
Las encuestas difundidas durante la última semana reflejan un escenario extraordinariamente competitivo. Diversos sondeos otorgaban al partido de Gadi Eisenkot entre 22 y 23 escaños, mientras que el Likud de Benjamin Netanyahu aparecía con entre 19 y 21. Sin embargo, el dato más importante es que ninguno de los bloques alcanza la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar.
Algunas proyecciones sitúan al bloque encabezado por Netanyahu alrededor de los 50 a 53 escaños, mientras que los partidos sionistas de la oposición sumarían entre 52 y 56. Las formaciones árabes obtendrían aproximadamente 14 escaños.
En este contexto aparecen varios escenarios posibles. El primero sería la continuidad de Netanyahu mediante una nueva coalición de derecha y partidos religiosos. Aunque las encuestas muestran un desgaste respecto de elecciones anteriores, el primer ministro conserva una importante base de apoyo político y una vasta experiencia negociadora.
Un segundo escenario contempla la formación de una coalición alternativa encabezada por Eisenkot. Para lograrlo debería reunir a partidos ideológicamente diversos cuyo principal denominador común sería el deseo de reemplazar a Netanyahu.
Una tercera posibilidad sería un gobierno de unidad nacional. Históricamente, Israel ha recurrido en varias ocasiones a este tipo de fórmulas cuando ninguna de las partes logra construir una mayoría estable.
Finalmente, no puede descartarse una situación de bloqueo político. La historia reciente demuestra que formar coaliciones en Israel puede ser un proceso largo y complejo. Entre 2019 y 2022 el país celebró cinco elecciones legislativas debido a la incapacidad de los diferentes bloques para construir gobiernos duraderos.
Por ese motivo, el nombre del próximo primer ministro podría no definirse en la noche electoral sino durante semanas de intensas negociaciones políticas, acuerdos de coalición y consultas presidenciales.
Como suele decirse en Israel, las elecciones determinan la correlación de fuerzas; la verdadera batalla comienza después, cuando llega el momento de contar hasta 61.





