La llave de la próxima coalición: por qué los partidos árabes podrían decidir quién gobierna Israel

Con las encuestas mostrando un empate entre los bloques de Benjamin Netanyahu y Gadi Eisenkot, los partidos árabes vuelven a ocupar una posición estratégica. Aunque ninguno anticipa una integración plena al futuro gobierno, su respaldo, abstención o rechazo podría resultar decisivo para definir al próximo primer ministro.

A seis días de las elecciones legislativas del 27 de octubre, la atención pública israelí sigue centrada en la disputa entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot. Sin embargo, numerosos analistas coinciden en que la clave de la futura coalición podría encontrarse en otro sector político: los partidos árabes israelíes.

Las encuestas publicadas en los últimos días por canales de televisión israelíes y citadas por medios como The Jerusalem Post, The Times of Israel y Ynet muestran una contienda extremadamente ajustada entre el bloque encabezado por Netanyahu y el heterogéneo frente opositor liderado por Eisenkot. Ninguno de los dos parece acercarse con claridad a los 61 diputados necesarios para formar gobierno.

En ese escenario, las formaciones árabes podrían adquirir una influencia decisiva durante las negociaciones posteriores a los comicios.

Aunque los partidos árabes no suelen ser considerados candidatos naturales para integrar coaliciones gubernamentales israelíes, su peso parlamentario proyectado, estimado en alrededor de una docena de escaños, podría resultar determinante si ninguno de los dos grandes bloques logra alcanzar una mayoría propia.

Según diversos análisis publicados por The Jerusalem Post y recogidos también por agencias internacionales como Reuters y AFP, la posibilidad de que un futuro gobierno dependa de apoyos externos o abstenciones tácticas ya forma parte de los escenarios que estudian los principales observadores políticos israelíes.

Vetos cruzados y márgenes estrechos

La situación es especialmente compleja debido a los numerosos vetos que existen entre las distintas fuerzas. Por una parte, los partidos nacionalistas y religiosos que tradicionalmente acompañan a Netanyahu mantienen profundas diferencias con las listas árabes y rechazan cualquier fórmula de cooperación política directa.

los partidos nacionalistas y religiosos que tradicionalmente acompañan a Netanyahu mantienen profundas diferencias con las listas árabes.

Por otra, una parte importante de los dirigentes árabes continúa manifestando reservas respecto de incorporarse formalmente a gobiernos sionistas. Sin embargo, la experiencia política israelí de los últimos años ha demostrado que existe una amplia gama de mecanismos de cooperación que no requieren necesariamente la entrada de un partido en el gabinete. La aprobación de presupuestos, el respaldo parlamentario a una investidura o la abstención en votaciones clave pueden resultar suficientes para sostener un gobierno minoritario.

Es precisamente esa posibilidad la que preocupa y ocupa a estrategas de ambos bloques.

Ra’am, nuevamente en el centro de las especulaciones

Dentro del espacio político árabe, muchos observadores distinguen entre la Lista Conjunta y Ra’am. Mientras los sectores más nacionalistas mantienen una posición tradicionalmente distante respecto de las coaliciones gobernantes, Ra’am ya demostró durante el gobierno de Naftali Bennett y Yair Lapid que está dispuesta a negociar acuerdos pragmáticos centrados en demandas de la ciudadanía árabe israelí.

Por ese motivo, comentaristas políticos citados en medios israelíes consideran que Ra’am podría volver a desempeñar un papel particularmente relevante si los resultados finales arrojan un Parlamento dividido.

Hasta el momento, sin embargo, los dirigentes del partido han evitado comprometerse públicamente con alguno de los candidatos a primer ministro.

La oposición deja abierta una puerta

Una de las señales más significativas de la campaña surgió esta semana cuando Yair Golan, líder del partido Los Demócratas y figura destacada del bloque opositor, expresó su disposición a cooperar políticamente con Ra’am en el marco de una futura coalición orientada a reemplazar al actual gobierno.

Sus declaraciones fueron interpretadas por diversos analistas como un indicio de que parte del campo anti-Netanyahu contempla fórmulas de cooperación parlamentaria con representantes árabes en caso de que la aritmética electoral así lo exija.

Yair Golan, líder de Los Demócratas, podría formar gobierno con la lista árabe Ra’am (Foto: Wikimedia Commons).

Desde el entorno de Eisenkot, en cambio, el mensaje central continúa siendo la construcción de una mayoría alternativa amplia, aunque fuentes políticas consultadas por la prensa israelí reconocen que las negociaciones posteriores a las elecciones dependerán en gran medida de la distribución final de escaños.

Más que una elección, una negociación

La percepción predominante entre analistas israelíes es que la verdadera batalla podría comenzar después de que cierren las urnas.

Incluso si un partido obtiene una victoria simbólica en número de votos o escaños, la formación del próximo gobierno dependerá de complejas negociaciones entre fuerzas ideológicamente muy diferentes.

En ese contexto, los partidos árabes aparecen cada vez más como posibles árbitros de la política israelí. No necesariamente porque aspiren a gobernar, sino porque podrían encontrarse en posición de facilitar o bloquear la formación de cualquier coalición viable.

Por ello, mientras la campaña pública sigue girando alrededor de Netanyahu y Eisenkot, numerosos observadores consideran que una de las preguntas más importantes de la noche electoral será qué estrategia adoptarán las formaciones árabes una vez conocidos los resultados oficiales.

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