«Cuando escucho ruidos afuera, salto»: las víctimas después del horror del 7/10

Ex rehenes, residentes de las comunidades atacadas y sobrevivientes del festival Nova intentan reconstruir sus vidas tras la masacre perpetrada por Hamás. Aunque muchas localidades han sido rehabilitadas y los cautivos regresaron a sus hogares, el impacto emocional de aquella jornada sigue marcando a miles de israelíes.

Tres años después del 7 de octubre de 2023, Israel sigue recordando a las cerca de 1.200 personas asesinadas y a los 251 rehenes secuestrados durante el ataque de Hamás contra el sur del país. Sin embargo, detrás de las ceremonias oficiales, los discursos y los actos conmemorativos, existe otra realidad menos visible: la de quienes sobrevivieron y continúan conviviendo con las consecuencias de aquella jornada.

La historia de estos tres años no está escrita únicamente en los campos de batalla o en los despachos gubernamentales. También se encuentra en las vidas de los ex rehenes que regresaron del cautiverio, de los habitantes de los kibutzim devastados por el ataque y de los jóvenes que lograron escapar con vida del festival Nova.

El desafío de volver a vivir después del cautiverio

Por primera vez desde la masacre, el aniversario encuentra a Israel sin rehenes vivos retenidos en Gaza. Sin embargo, para muchos de los liberados, recuperar la libertad no significó recuperar automáticamente la normalidad.

Muchos ex cautivos han relatado dificultades para retomar rutinas cotidianas, reconstruir vínculos y superar los recuerdos de meses e incluso años de cautiverio.

Por primera vez desde la masacre, el aniversario encuentra a Israel sin rehenes vivos retenidos en Gaza.

Entre ellos se encuentra Keith Siegel, secuestrado junto a su esposa en el kibutz Kfar Aza, quien describió con crudeza cómo continúa viviendo con los recuerdos de Gaza: «Estoy viviendo una especia de doble vida. Estoy aquí parte del tiempo, y parte del tiempo sigo en Gaza», relató al medio británico The Guardian.

El ex rehén reconoció además que todavía le resulta difícil explicar lo que experimentó durante su cautiverio: «Es muy difícil transmitir con palabras cómo fue aquello».
Una sensación similar expresó Emily Damari, liberada en enero de 2025 después de 471 días cautiva. «La libertad cambió completamente mi manera de ver la vida». Al recordar aquellos meses agregó: «Un día en cautiverio se siente como una semana. Quieres darte por vencida a cada momento, pero yo no lo hice».

También Eli Sharabi, que perdió familiares durante la masacre y pasó más de un año retenido en Gaza, describió cómo esa experiencia modificó su perspectiva: «Aprendí en cautiverio cuán precioso puede ser cada momento y cada elección. Elijo mirar hacia adelante».

Sus testimonios reflejan una realidad compartida por muchos ex secuestrados: la libertad puso fin al cautiverio, pero no a las secuelas emocionales.

Volver a casa, aunque nada sea igual

La reconstrucción de las comunidades fronterizas se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la sociedad israelí desde la masacre.

En kibutzim como Kfar Aza, Beeri o Nir Oz, nuevas viviendas sustituyen gradualmente a las destruidas y los servicios comunitarios vuelven a funcionar. Sin embargo, para muchos habitantes el regreso sigue siendo un proceso complejo marcado por el trauma, la incertidumbre y el duelo.

Durante las ceremonias del tercer aniversario, un dirigente comunitario de Kfar Aza, Tzion Regev, resumió el sentimiento predominante entre muchos residentes: «Es un día muy emotivo. Es un día muy difícil para nuestra comunidad, tres años después del 7 de octubre». Al mismo tiempo, destacó los esfuerzos para recuperar la vida comunitaria: «Estamos celebrando y no celebrando. Es emocionante ver que vuelven a abrir los jardines de infancia y que la vida empieza a regresar». Pero inmediatamente recordó las dificultades que persisten: «Todo sigue siendo increíblemente sensible».

Nuevas viviendas sustituyen gradualmente a las destruidas y los servicios comunitarios vuelven a funcionar.

En Nir Oz, uno de los kibutzim más castigados por la masacre, muchos habitantes enfrentan una decisión difícil: regresar o empezar una nueva vida en otro lugar. Para Shlomo Margalit, uno de los fundadores de la comunidad, la respuesta está clara. «Este es el proyecto de mi vida, además de ser mi hogar». Su decisión de regresar pese a las pérdidas simboliza la voluntad de reconstrucción que se observa en numerosas localidades del oeste del Néguev.

Nova: recuerdos que no desaparecen

Si existe un lugar que se convirtió en símbolo mundial del 7 de octubre, es el festival de música Nova. Lo que comenzó como una celebración terminó transformándose en uno de los episodios más sangrientos de la masacre. Cientos de jóvenes fueron asesinados y decenas fueron secuestrados. Tres años después, el predio cercano a Reim se ha transformado en un espacio permanente de memoria.

Durante las ceremonias de este aniversario, familiares y sobrevivientes regresaron una vez más para recordar a quienes no volvieron. Entre ellos estuvo Katia Zohar, cuya hija murió en el ataque. Al recordar el instante exacto en que comenzó la tragedia afirmó: «Las 6.29 de la mañana fue el minuto que cambió nuestras vidas para siempre». Y añadió: «Tristemente, lo recuerdo todo», relató a The Guardian.

Otra de las participantes fue Anna Davitashvili, madre de un joven asesinado durante el festival. «Siento que él está aquí». A continuación expresó una de las frases más conmovedoras de la jornada: «Lamento terriblemente no haber podido salvarlo, no haber podido ayudarlo a salir de esta masacre».

Como ocurre en muchas de las comunidades atacadas, los años transcurridos no han borrado el dolor. Para numerosos sobrevivientes de Nova, el proceso de recuperación continúa marcado por la ansiedad, el miedo y los recuerdos de aquella mañana.

Las heridas invisibles

Tres años después, la vida ha vuelto gradualmente a muchas partes de Israel. Los rehenes regresaron, las localidades destruidas comenzaron a reconstruirse y los espacios de memoria recuerdan a las víctimas.

Sin embargo, la recuperación emocional avanza a un ritmo mucho más lento.

Una frase pronunciada recientemente por Isaac Badra, entrevistado en la Plaza de los Rehenes de Tel Aviv, resume quizá mejor que cualquier estadística el impacto duradero del 7 de octubre: «Cuando escucho ruidos afuera, salto».

Para los ex rehenes, para los habitantes de los kibutzim fronterizos y para quienes consiguieron escapar de Nova, la masacre no terminó cuando cesaron los disparos. Tres años después, continúan recorriendo un largo camino de duelo, recuperación y reconstrucción personal.

Mientras Israel recuerda el peor ataque de su historia, miles de sobrevivientes siguen enfrentando cada día una batalla más silenciosa: la de aprender a vivir después del 7 de octubre.

Fuentes: Reuters, AP, Ynet, The Guardian, Jewish Journal, Times of Israel

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