Lejos de depender exclusivamente de Irán, el movimiento hutí desarrolló durante la última década una compleja estructura económica que le permite financiar su aparato militar, administrar los territorios bajo su control y proyectar influencia sobre una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.
Cuando el movimiento hutí tomó el control de Saná, la capital de Yemen, en 2014, pocos observadores imaginaban que una insurgencia originada en las montañas del norte del país terminaría convirtiéndose en uno de los actores más influyentes de Oriente Medio. Más de una década después, Ansar Allah, nombre oficial del grupo, no sólo ha sobrevivido a la intervención militar liderada por Arabia Saudita, sino que además ha desarrollado una estructura económica capaz de sostener sus operaciones militares y consolidar su dominio sobre gran parte del país.
La creciente relevancia internacional de los hutíes quedó en evidencia tras los ataques contra la navegación comercial en el Mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial y el transporte de petróleo. Diversas compañías navieras se vieron obligadas a modificar sus rutas, generando importantes costos adicionales para el comercio internacional.
Sin embargo, detrás de la capacidad militar del grupo existe un factor menos visible pero igualmente decisivo: una economía de guerra cuidadosamente construida durante años.
Más que ayuda iraní
Aunque Irán continúa siendo un aliado fundamental de los hutíes y es señalado por Estados Unidos y otros gobiernos occidentales como proveedor de armamento, entrenamiento y asistencia logística, diversos estudios recientes sostienen que la organización ha logrado desarrollar fuentes propias de financiamiento que le otorgan una considerable autonomía económica.
Detrás de la capacidad militar del grupo existe un factor menos visible pero igualmente decisivo: una economía de guerra cuidadosamente construida.
Investigaciones del Mokha Center for Strategic Studies indican que los hutíes transformaron progresivamente la economía de los territorios bajo su control en una red de ingresos destinada a sostener su aparato político, militar y de seguridad. El proceso incluyó el control de registros comerciales, licencias, impuestos, aduanas, puertos, casas de cambio y cadenas de suministro.
Según estos estudios, prácticamente cada etapa de la actividad económica en las zonas controladas por el grupo genera ingresos para sus autoridades.
Una de las principales fuentes de recursos son los impuestos y contribuciones obligatorias que recaen sobre comerciantes, empresarios y transportistas.
Los hutíes cobran licencias, tasas comerciales y aportes especiales frecuentemente asociados al denominado «esfuerzo de guerra». Informes recientes describen este sistema como una verdadera red tributaria paralela que opera al margen de las instituciones estatales reconocidas internacionalmente.
Para numerosos comerciantes yemeníes, el costo de operar en zonas controladas por la organización incluye múltiples pagos directos e indirectos que terminan fortaleciendo las finanzas del movimiento.
Aduanas dentro del propio país
Uno de los mecanismos más peculiares desarrollados por los hutíes ha sido la creación de una red de puestos de control internos que funcionan como aduanas interiores.
Estudios realizados en Yemen señalan que el grupo estableció más de 220 puntos de recaudación distribuidos en distintas provincias. Mercancías que ya habían abonado aranceles en puertos o fronteras vuelven a ser gravadas cuando ingresan en territorio administrado por los hutíes.
Estudios realizados en Yemen señalan que el grupo estableció más de 220 puntos de recaudación distribuidos en distintas provincias.
Los investigadores sostienen que este sistema cumple una doble función: generar recursos para la organización y reforzar su capacidad de control político sobre el comercio y la circulación de bienes.
El valor estratégico de los puertos
Otra fuente crucial de ingresos es el control de los puertos del Mar Rojo, especialmente Hodeida.
Dado que Yemen depende de las importaciones para abastecer gran parte de sus necesidades alimentarias y energéticas, los puertos se han convertido en activos estratégicos para cualquier actor que aspire a controlar el país. Los hutíes cobran tasas de importación, tarifas portuarias y diversos gravámenes sobre el ingreso de mercancías.
La importancia de estas instalaciones va mucho más allá de la economía local. El control de la costa occidental yemení permite a los hutíes influir sobre una de las principales arterias del comercio marítimo global.
El combustible, una fuente multimillonaria
El sector energético aparece de manera recurrente en las investigaciones sobre las finanzas hutíes.
Documentos citados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señalan que el movimiento obtiene una parte sustancial de sus ingresos mediante la importación, distribución y venta de combustibles. Redes de empresas vinculadas a dirigentes hutíes participarían en estas operaciones, tanto dentro de Yemen como a través de intermediarios en otros países de la región.
El movimiento obtiene una parte sustancial de sus ingresos mediante la importación, distribución y venta de combustibles.
Según datos citados por autoridades estadounidenses a partir de informes de expertos de Naciones Unidas, los ingresos relacionados con combustibles representan uno de los pilares financieros más importantes de la organización.
Contrabando y redes financieras
Las sanciones impuestas por Washington durante los últimos años apuntan además a una extensa red de empresas, intermediarios y operadores financieros vinculados a los hutíes.
Estas estructuras habrían participado en operaciones de contrabando, adquisición de componentes para drones y misiles, transporte de mercancías y mecanismos de evasión de sanciones. Diversas investigaciones mencionan conexiones comerciales y financieras que involucran a actores ubicados en Yemen, Omán, Emiratos Árabes Unidos y otros países.
Una insurgencia con rasgos de Estado
La principal conclusión de numerosos analistas es que los hutíes han dejado de funcionar únicamente como una fuerza insurgente.
En los territorios que controlan administran impuestos, supervisan actividades comerciales, regulan mercados, intervienen en el sistema financiero y favorecen a redes empresariales cercanas al movimiento. En la práctica, han construido una estructura económica paralela que les permite gobernar y financiarse simultáneamente.
Esta combinación de poder militar, control territorial y capacidad de recaudación explica en gran medida por qué el movimiento ha logrado resistir más de una década de conflicto y continúa desempeñando un papel central en la política y la seguridad de Oriente Medio.
Fuentes consultadas: Calcalist (medio israelí), investigaciones del Mokha Center for Strategic Studies, informes sobre economía yemení publicados por Yemen Monitor, análisis de GNET (Global Network on Extremism and Technology), documentos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y reportes especializados sobre la economía de guerra hutí.





