La potencia norteamericana y uno de los países más fuertes de Oriente Medio llegaron a un acuerdo para que el reino saudita pueda desarrollar un programa de energía nuclear para uso civil.
Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron un acuerdo de cooperación nuclear que permitirá al reino desarrollar energía atómica con apoyo tecnológico estadounidense. La noticia, difundida por medios israelíes como Ynet y Haaretz, así como por la prensa oficial saudita, marca un hito en la relación bilateral y abre un debate regional sobre seguridad y proliferación nuclear.
El pacto fue rubricado en Washington por el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, y el ministro saudita Abdulaziz bin Salman. Según trascendió, el acuerdo contempla la construcción de reactores civiles, transferencia de tecnología y el desarrollo de plantas nucleares en el marco de la estrategia saudita de diversificación energética. Sin embargo, algunos borradores incluyen la posibilidad de que Riad enriquezca uranio en su territorio sin adoptar plenamente el Protocolo Adicional de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), lo que genera inquietud en varios países de Oriente Medio.
En Israel, la cobertura de Ynet subrayó que el pacto refleja un cambio estratégico en Washington, que busca reforzar su alianza con Arabia Saudita en plena guerra con Irán. El medio advirtió que Jerusalén quedó marginado de un marco regional más amplio que pudo haber incluido la normalización diplomática con Riad. Por su parte, Haaretz enfatizó el riesgo de que el acuerdo abra la puerta a una carrera nuclear en Medio Oriente, especialmente si Irán avanza en su propio programa, y destacó la falta de garantías de inspección internacional como un punto crítico.
Medios israelíes señalaron el riesgo de que el acuerdo abra paso a una carrera nuclear en Oriente Medio.
La narrativa saudita, difundida por la Saudi Press Agency y otros medios locales, presenta el acuerdo como parte de la Visión 2030, el plan de modernización y diversificación energética del reino. El gobierno insiste en que el programa es civil y pacífico, aunque mantiene la postura de que podría buscar enriquecimiento si Irán llegara a obtener armas nucleares. En este sentido, el pacto se interpreta como un símbolo de la profundización de los lazos estratégicos con Estados Unidos, en un momento en que Riad busca equilibrar su dependencia energética y militar.
Las implicancias regionales son múltiples. Por un lado, la ausencia de salvaguardas plenas de la AIEA genera dudas sobre la posibilidad de que el programa saudita derive en capacidades militares. Por otro, Israel percibe el acuerdo como un desafío a su seguridad, mientras que Irán podría usarlo como justificación para avanzar en su propio desarrollo nuclear. En el plano económico, Arabia Saudita busca reducir su dependencia del petróleo y posicionarse como líder regional en energía nuclear civil. Finalmente, en la política interna estadounidense, el Congreso deberá revisar el pacto y podría bloquearlo, lo que añadiría incertidumbre sobre su implementación.
En conclusión, el acuerdo nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudita constituye un paso significativo en la cooperación energética, pero también abre un debate sobre proliferación y estabilidad regional. Mientras la prensa israelí advierte sobre riesgos estratégicos, los medios sauditas lo celebran como parte de su modernización. La evolución del pacto dependerá de la revisión en el Congreso estadounidense y de cómo se gestionen las tensiones con Irán.


