Análisis: por qué «NAZA» desató la polémica en Israel

Premiada en el Festival de Venecia y celebrada por amplios sectores internacionales, la película «NAZA» provocó una dura reacción política y mediática en Israel. Mientras sus críticos la consideran una herramienta de deslegitimación del Estado judío, sus defensores la presentan como una investigación necesaria sobre la guerra en Gaza. El debate refleja una disputa más amplia por el relato global del conflicto iniciado tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Una recorrida por varios medios israelíes revela que el documental NAZA –que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia y recibió una prolongada ovación durante su estreno, convirtiéndose rápidamente en uno de los trabajos cinematográficos más comentados sobre la guerra de Gaza iniciada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023– ha reavivado una polémica siempre vigente en Israel: la batalla por el relato mediático y sus repercusiones internacionales.

La consulta por medios árabes, especialmente palestinos, también pone de manifiesto que la película no pasa inadvertida tampoco para ellos, que ven en la película una justa legitimación de su voz, puesto que muchas de las cosas que se exhiben en el film ya habían sido denunciadas por los palestinos.

La película se basa en testimonios anónimos de 24 militares y miembros de inteligencia israelíes y sostiene que durante la campaña en Gaza se emplearon sistemas de vigilancia masiva e inteligencia artificial para identificar objetivos, aceptando en algunos casos la posibilidad de elevadas bajas civiles. Los realizadores afirman que el documental busca mostrar los mecanismos de toma de decisiones detrás de los bombardeos.

La película se basa en testimonios anónimos de 24 militares y miembros de inteligencia israelíes.

Sin embargo, más que por su contenido específico, el impacto de la película radicó en otro aspecto: fue producida por cineastas israelíes y presentada ante el mundo como una crítica interna a la conducta de Israel en la guerra. Para muchos observadores israelíes, ese hecho otorgó al documental una legitimidad imposible de alcanzar para una producción extranjera o abiertamente pro-palestina.

La reacción israelí: entre la indignación y el temor por la imagen internacional

La respuesta del gobierno israelí fue inmediata. El primer ministro Benjamin Netanyahu acusó a los realizadores de contribuir a la incitación antisemita global y de presentar a los soldados israelíes como criminales de guerra.

El ministro de Cultura, Miki Zohar, fue aún más lejos y promovió iniciativas para examinar la posibilidad de retirar la ciudadanía israelí a los directores, mientras reclamó investigar el origen de los materiales utilizados en la producción, según señalan diferentes medios internacionales como el británico The Guardian, el israelí Jerusalem Post y el qataría Al Jazeera.

También el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, rechazó las acusaciones presentadas en la película, calificándolas como «distorsiones deliberadas de la realidad» y ordenando estudiar posibles acciones legales relacionadas con la difusión de información sensible.

Pero el debate en Israel fue mucho más amplio que la mera reacción oficial.

Una parte significativa de la prensa y los comentaristas israelíes conservadores interpretaron el éxito de NAZA como una muestra de que Israel está perdiendo la guerra comunicacional en Occidente. Algunas observaciones en este sentido pueden leerse en el portal Ynet, de Israel.

Una parte de la prensa y comentaristas conservadores interpretan que Israel está perdiendo la guerra comunicacional.

Medios y analistas cercanos al campo nacionalista subrayaron que la película aparece en un momento en que gran parte de la opinión pública internacional ya percibe la guerra de Gaza principalmente a través del prisma del sufrimiento civil palestino. Desde esta mirada, NAZA refuerza una narrativa que desplaza el foco desde la masacre del 7 de octubre hacia las consecuencias humanitarias de la respuesta militar israelí.

Algunos comentaristas llegaron a contrastar el documental con producciones como la serie Fauda, argumentando que mientras una intenta recordar el trauma israelí del 7 de octubre, la otra centra la atención mundial en las víctimas palestinas y en las decisiones operativas del ejército israelí.

En ese sentido, el debate dejó de girar exclusivamente en torno de la veracidad de las acusaciones para transformarse en una discusión sobre quién define la memoria internacional de la guerra.

Otra voz israelí: defender el derecho a mirar críticamente

No toda la sociedad israelí reaccionó de manera negativa. Más de 200 cineastas y figuras culturales israelíes firmaron declaraciones de respaldo a los realizadores y denunciaron la campaña de hostigamiento que, según ellos, busca silenciar voces críticas dentro del país.

Para estos sectores, la polémica demuestra precisamente la importancia del documental. Sostienen que el debate sobre la conducta militar israelí forma parte de una discusión legítima en una democracia y rechazan los intentos de equiparar la crítica al gobierno o al ejército con traición nacional.

Más de 200 cineastas y figuras culturales israelíes firmaron declaraciones de respaldo a los realizadores y denunciaron la campaña de hostigamiento.

Este sector también argumenta que la reacción oficial terminó amplificando la visibilidad internacional de la película mucho más de lo que habría ocurrido si las autoridades hubieran optado por ignorarla.

Cabe señalar que dos de los realizadores, Yuval Abraham y Rachel Schor, ya habían participado en otro documental que resultó polémico en Israel: No other land, que filmaron junto al periodista palestino Basel Adra.

Recepción palestina y árabe: validación desde dentro de Israel

En medios palestinos, árabes e internacionales críticos de Israel, la recepción fue radicalmente diferente.

La relevancia de NAZA no reside solamente en las acusaciones que formula, muchas de las cuales ya habían sido planteadas previamente por organizaciones de derechos humanos o periodistas internacionales. Lo novedoso es que esas denuncias aparecen respaldadas por testimonios de israelíes que participaron en los sistemas militares descritos por la película.

Esa característica convirtió al documental en una poderosa herramienta simbólica para la narrativa palestina.

Diversos medios árabes, entre ellos la poderosa cadena Al Jazeera, presentaron la película como una confirmación proveniente del propio interior de Israel de acusaciones que los palestinos sostienen desde hace tiempo acerca de los métodos de guerra empleados en Gaza.

Lo novedoso de NAZA es que las denuncias aparecen respaldadas por testimonios de israelíes.

La amplia cobertura en medios como Al Jazeera, Democracy Now y numerosos portales árabes giró alrededor de un mensaje común: ya no serían únicamente organizaciones palestinas o activistas internacionales quienes denuncian esas prácticas, sino ciudadanos israelíes y ex integrantes del aparato de seguridad.

La verdadera historia detrás de la polémica

Más allá de las posiciones ideológicas, la controversia alrededor de NAZA revela algo más profundo. Tres años después del 7 de octubre, la disputa no se centra solamente en lo ocurrido sobre el terreno, sino en quién tendrá la autoridad moral para contar esa historia.

Para los defensores del documental, la película rompe un muro de silencio y obliga a Israel a confrontar aspectos incómodos de la guerra. Para sus detractores, constituye una operación propagandística que fortalece campañas internacionales contra Israel y borra el contexto del ataque de Hamás que desencadenó el conflicto.

La intensidad de las reacciones demuestra que el verdadero campo de batalla ya no está únicamente en Gaza, sino también en el terreno de la memoria, la legitimidad y la opinión pública global.

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