El análisis de Nils Adler en Al Jazeera recoge las opiniones de especialistas que evalúan tanto la capacidad militar de Estados Unidos como los costos de una eventual ocupación. Andreas Krieg, profesor asociado en el King’s College de Londres, sostiene que Washington podría tomar una isla iraní gracias a su poder aéreo, naval y anfibio, y a la presencia de unos 50.000 soldados desplegados en Medio Oriente. Sin embargo, advierte que capturar temporalmente una isla es muy distinto de mantenerla y abastecerla, y que lugares como Qeshm serían especialmente difíciles por su tamaño y proximidad al continente. Incluso las islas más pequeñas, como Hengam, quedarían expuestas a la artillería, drones y misiles iraníes, lo que convertiría cualquier operación en una campaña anfibia mayor. Krieg subraya además que la ocupación no impediría a Irán interrumpir el estrecho de Ormuz, sino que expondría a las guarniciones estadounidenses a ataques constantes y entregaría a Teherán la narrativa de Estados Unidos como potencia ocupante.
Por su parte, Nader Hashemi, profesor de política de Medio Oriente en la Universidad de Georgetown, reconoce que Estados Unidos tiene la capacidad logística y militar para ocupar las islas, pero subraya que el verdadero problema es el costo político y humano. Se muestra escéptico respecto de que Washington intente apoderarse de Kharg, ya que el riesgo de repetir errores de la guerra de Irak y el rechazo interno serían enormes. Hashemi insiste en que este escenario es poco probable, pues requeriría un nivel de bombardeo mucho más intenso y sostenido que el visto hasta ahora.
Nader Hashemi, profesor de política de Medio Oriente en la Universidad de Georgetown, reconoce que Estados Unidos tiene la capacidad para ocupar las islas, pero el verdadero problema es el costo político y humano.
El debate se amplía al considerar las defensas iraníes. Krieg señala que Estados Unidos tendría que suprimir radares, baterías de misiles y centros de mando de la Guardia Revolucionaria, muchos de ellos móviles y ocultos. El poder aéreo podría neutralizar temporalmente esas amenazas, pero mantenerlas bajo control exigiría una campaña continua. Además, Irán no necesita las islas para amenazar la navegación, ya que puede lanzar misiles y drones desde el continente. Para cerrar realmente la capacidad iraní de interrumpir el tráfico en el estrecho de Ormuz, sería necesario atacar y posiblemente ocupar un amplio tramo de la costa sur, lo que transformaría la operación en el inicio de una guerra terrestre de gran escala.
Las implicaciones económicas y energéticas también son destacadas. Krieg advierte que cualquier ocupación estadounidense sería vista por Teherán como una escalada mayor, lo que intensificaría la colocación de minas en el estrecho y los ataques contra buques, bases estadounidenses e infraestructura energética del Golfo. Los barcos evitarían la zona sin importar quién controle las islas, las primas de seguros se dispararían y las operaciones de limpieza de minas llevarían tiempo. Además, la medida tensaría las relaciones con los estados del Golfo, que desean la reapertura del estrecho pero temen convertirse en blancos de ataques.
En conclusión, el artículo trata de instalar la idea de que una ocupación estadounidense de islas iraníes existe en el plano teórico, pero que las probabilidades prácticas son mínimas. Los especialistas coinciden en que una operación de este tipo podría ofrecer una victoria simbólica, pero en la práctica derivaría en un conflicto territorial abierto, con enormes costos militares, políticos y económicos, y con el riesgo de arrastrar a Washington hacia un compromiso terrestre más amplio, algo que hasta el momento ha intentado evitar.