Fuentes citadas por Reuters advierten que Washington ha consumido casi todo su arsenal de largo alcance en cinco meses de conflicto, lo que plantea dudas sobre su capacidad de respuesta en otros escenarios.
El Ejército estadounidense ha consumido gran parte de sus misiles de largo alcance durante los cinco meses de ofensiva contra Irán, lo que despierta inquietud sobre su capacidad de respuesta en futuros conflictos. Según fuentes citadas por Reuters, los sistemas tácticos ATACMS y los más modernos Precision Strike Missiles (PrSM) se encuentran prácticamente agotados.
Estos proyectiles, que superan el millón de dólares por unidad, permiten ataques precisos desde una distancia segura y han sido clave tanto en Ucrania como en Medio Oriente. La reducción de reservas podría obligar al presidente Donald Trump a recurrir a operaciones aéreas tripuladas, consideradas más riesgosas.
Aunque la Casa Blanca asegura que Estados Unidos mantiene “más municiones que cualquier otro país”, analistas advierten que la producción récord de obuses y misiles podría no alcanzar para sostener una guerra prolongada. Lockheed Martin y Raytheon, fabricantes de los principales sistemas, trabajan en acuerdos para aumentar la producción.
Analistas advierten que la producción récord de obuses y misiles podría no alcanzar para sostener una guerra prolongada.
El Center for Strategic and International Studies (CSIS) informó que las reservas de PrSM eran bajas desde el inicio por tratarse de un sistema nuevo, mientras que los ATACMS están siendo retirados gradualmente. Además, se estima que el 65% de los interceptores Patriot y cerca del 40% de los misiles THAAD ya fueron utilizados, reduciendo la capacidad defensiva de Washington.
La prolongación del conflicto también reaviva el debate sobre la autoridad presidencial para conducir hostilidades sin autorización del Congreso. Hasta ahora, no se ha presentado ninguna solicitud formal de declaración de guerra ni de autorización para el uso de la fuerza.
Mediadores avanzan en gestiones para poner fin a la guerra EE.UU.-Irán
Qatar aseguró este martes que los mediadores están logrando avances en los esfuerzos por terminar la guerra entre Estados Unidos e Irán, aunque Teherán negó la afirmación del presidente Donald Trump de que las conversaciones ya están en marcha. Tras las declaraciones de Doha, el precio del petróleo cayó más de 2%, en medio de expectativas de un acuerdo que permita reabrir el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, aún bloqueado.
Trump había dicho el lunes que las negociaciones con Irán habían comenzado y que se trataba de la “última oportunidad” para alcanzar un acuerdo. Funcionarios iraníes rechazaron esa versión y sostuvieron que sus únicos contactos son con Omán sobre la gestión del estrecho, sin reuniones mayores previstas. “Están ocurriendo ahora mismo”, insistió Trump, al señalar que las conversaciones se daban a pedido de Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
El portavoz de la cancillería qatarí, Majed al-Ansari, afirmó que los contactos diplomáticos alcanzaron “etapas muy progresivas”. Según Doha, mediadores de Qatar, Pakistán y Omán coordinan propuestas y borradores entre Washington y Teherán. Un alto funcionario de seguridad paquistaní confirmó que “mucho está ocurriendo en segundo plano” y que el objetivo es lograr que ambas partes acepten iniciar un diálogo.
Mientras tanto, la tensión en el estrecho de Ormuz persiste: un buque de carga fue alcanzado por un proyectil no identificado cerca de la costa de Omán, según la agencia británica de seguridad marítima UKMTO. La tripulación debió abandonar la nave y un marinero permanece desaparecido. Irán reclama control total sobre el paso, rechazando la propuesta de Omán de supervisión compartida.
La tensión en el estrecho de Ormuz persiste: un buque de carga fue alcanzado por un proyectil no identificado cerca de la costa de Omán
Fuentes iraníes señalan que Teherán busca autoridad plena sobre el tráfico entrante y visibilidad sobre el saliente, con capacidad de intervenir si lo considera necesario. Tal concesión alteraría el equilibrio regional en favor de Irán y complicaría el argumento de Washington de que la operación militar lanzada en febrero junto a Israel debilitó a su adversario.
La sostenibilidad de la campaña militar estadounidense también está en duda: gran parte de los misiles de precisión de largo alcance ya fueron consumidos, según datos internos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo a CNBC que podría alcanzarse un acuerdo con Irán para reabrir Ormuz “hoy o mañana”.
En paralelo, los hutíes de Yemen, aliados de Irán, mantienen un bloqueo naval contra Arabia Saudita en el mar Rojo, lo que agrava las restricciones a las rutas de exportación de petróleo. Analistas del Golfo sostienen que Irán apuesta a prolongar el conflicto y aumentar los costos para Washington mediante la presión sobre corredores comerciales y energéticos.
Desde el colapso en julio de un memorando de entendimiento firmado el mes anterior, Irán ha rechazado públicamente cualquier negociación con Estados Unidos. Trump, por su parte, alterna amenazas de ofensivas masivas con anuncios de contactos diplomáticos, sin lograr aún los objetivos iniciales: desmantelar el programa nuclear iraní, limitar su capacidad ofensiva regional y propiciar un cambio político interno.


