El proyecto de urbanización en la zona E1, defendido por sectores nacionalistas israelíes, es visto por diplomáticos europeos como una “línea roja” que podría derivar en sanciones y aislar aún más a Israel en el plano internacional.
El gobierno israelí lanzó oficialmente la licitación para la construcción de 1.234 viviendas en el área conocida como E1, ubicada entre Jerusalén Este y el asentamiento de Ma’ale Adumim. La medida, confirmada por el Ministerio de Vivienda y Construcción, forma parte de un plan más amplio aprobado en 2025 que contempla un total de 3.401 unidades residenciales. El plazo para presentar ofertas vence el 19 de octubre de 2026, apenas una semana antes de las elecciones nacionales, lo que otorga al anuncio un marcado tinte político.
La zona E1 ha sido históricamente uno de los puntos más sensibles en el mapa de Cisjordania. Su urbanización podría dividir el territorio palestino en dos, dificultando la continuidad territorial entre el norte y el sur de Cisjordania y aislando Jerusalén Este de ciudades como Ramala y Belén. Por ello, tanto la Unión Europea como las Naciones Unidas han advertido en reiteradas ocasiones que cualquier construcción allí compromete seriamente la viabilidad de la solución de dos Estados.
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar. Según despachos de medios israelíes como Ynet y Haaretz, diplomáticos de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia calificaron la licitación como una “línea roja” y advirtieron que, de concretarse, podría derivar en sanciones contra Israel. La cancillería alemana señaló que “la expansión en E1 amenaza directamente la posibilidad de un Estado palestino viable”, mientras que París y Londres coincidieron en que el proyecto “socava los esfuerzos de paz en la región”.
La zona E1 ha sido históricamente uno de los puntos más sensibles en el mapa de Cisjordania.
El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó “profunda preocupación” y subrayó que la construcción en E1 tendría “graves consecuencias para la integridad territorial palestina”. En paralelo, la organización Human Rights Watch denunció que el plan implicaría el desplazamiento forzoso de unas 18 comunidades beduinas que habitan la zona, y advirtió que las empresas que participen en la licitación podrían ser consideradas cómplices de crímenes de guerra.
La Autoridad Palestina, a través del Consejo de Relaciones con las Comunidades (CRRC), alertó que el proyecto confinaría a los palestinos en “enclaves desconectados rodeados de asentamientos”, debilitando cualquier perspectiva de Estado propio. En Ramala, funcionarios palestinos calificaron la licitación como “una provocación deliberada” en vísperas de las elecciones israelíes.
Por su parte, el gobierno israelí defendió la medida. El Ministerio de Vivienda sostuvo que se trata de un plan aprobado previamente y que responde a la necesidad de garantizar la continuidad territorial de los asentamientos judíos en torno a Jerusalén. Voceros de partidos nacionalistas remarcaron que “E1 es parte de la historia israelí” y que su urbanización asegura la seguridad y el futuro de las comunidades israelíes en la zona.
La decisión abre un nuevo frente de tensión diplomática. La Unión Europea ya había emitido comunicados conjuntos contra la expansión de asentamientos, pero la licitación en E1 eleva el nivel de confrontación y coloca a Israel en riesgo de aislamiento internacional. En el plano interno, el anuncio podría fortalecer a sectores de derecha en la campaña electoral, aunque también expone al país a un mayor costo político en sus relaciones exteriores.
La decisión abre un nuevo frente de tensión diplomática. La Unión Europea ya había emitido comunicados conjuntos contra la expansión de asentamientos.
La cobertura de Yedioth Ahronot subrayó que el calendario de la licitación, fijado justo antes de los comicios, no es casual y busca capitalizar el apoyo de votantes favorables a la expansión de asentamientos. En tanto, medios europeos como Le Monde en Francia y Der Spiegel en Alemania destacaron que la medida “pone en entredicho la credibilidad de Israel como socio en cualquier negociación futura”.
En conclusión, la licitación en E1 se convierte en un punto de inflexión: para Israel, representa la consolidación de su presencia en un área estratégica; para Europa y la comunidad internacional, un paso que amenaza con cerrar definitivamente la puerta a la solución de dos Estados. La tensión entre las necesidades políticas internas y las presiones externas vuelve a situar a Cisjordania en el centro del debate global sobre el futuro del conflicto palestino-israelí.





