Fracasaron los intentos de Ayelet Shaked, Benny Gantz, Gilad Erdan y Yuli Edelstein por formar un tercer bloque electoral que escape de la dicotomía electoral israelí de tener que elegir siempre entre el sí o el no a Benjamín Netanyahu, quien es la figura central de la política israelí desde hace casi 30 años.
Desde hace más de tres décadas el escenario político electoral israelí no puede prescindir de la figura del actual primer ministro, Benjamín Netanyahu. A favor o en contra, las campañas electorales suelen desarrollarse entre un bloque que sostiene a Netanyahu y otro bloque que lo combate y busca destronarlo como primer ministro. La última vez que se logró, con una alianza cuyas dos principales figuras eran Naftali Bennett y Yair Lapid, el gobierno de esa coalición anti-Netanyahu no logró terminar su mandato.
Esta vez, se volvió a intentar la formación de una “tercera vía”, que sea capaz de romper la histórica polarización de la política israelí entre partidarios y detractores de Benjamin Netanyahu. Pero esa iniciativa, una vez más, parece haber llegado a un punto muerto. A pocas semanas de las elecciones legislativas previstas para el 27 de octubre, los esfuerzos de diversas figuras de centro-derecha para construir un bloque independiente han fracasado, según coinciden varios medios israelíes.
Durante los últimos meses, dirigentes como Ayelet Shaked, Benny Gantz, Gilad Erdan y Yuli Edelstein exploraron distintas fórmulas para unificar fuerzas y ofrecer una alternativa a los dos grandes campos que dominan la política israelí: el bloque encabezado por Netanyahu y el denominado “bloque del cambio”, integrado por sus opositores.
Sin embargo, las negociaciones no lograron superar diferencias personales, desacuerdos estratégicos y, sobre todo, una dura realidad reflejada por las encuestas: la mayoría de los votantes sigue percibiendo la elección como un referéndum sobre la continuidad o no de Netanyahu en el poder.
La idea de un bloque de unidad nacional
La iniciativa nació a partir del diagnóstico de que millones de israelíes no se sienten plenamente representados ni por el campo de Netanyahu ni por sus adversarios tradicionales. En julio, Gantz, Shaked, Edelstein y otras figuras mantuvieron conversaciones para crear una lista conjunta que atrajera a votantes de derecha moderada y del centro.
El objetivo era formar una fuerza parlamentaria capaz de impedir que cualquiera de los dos grandes bloques alcanzara la mayoría de 61 diputados en la Knéset y obligar así a la formación de un gobierno amplio de unidad nacional.
Edelstein y Erdan, ambos exdirigentes del Likud (partido de Netanyahu), llegaron incluso a fundar una nueva formación política con el lema de “derecha, servicio militar y unidad”, presentándose como una alternativa tanto al oficialismo como a la oposición tradicional.
Las encuestas condenaron el proyecto
No obstante, desde el inicio la viabilidad electoral de la iniciativa estuvo en duda. Distintos sondeos mostraron que muchas de las nuevas agrupaciones corrían el riesgo de no superar el umbral electoral del 3,25%, indispensable para entrar en la Knéset.
Ynet informó que incluso una posible alianza entre Benny Gantz y Gilad Erdan difícilmente habría logrado superar ese umbral. Fuentes involucradas en las conversaciones señalaron que una fusión entre ambas formaciones no garantizaba representación parlamentaria.
Un sondeo citado posteriormente por The Jerusalem Post fue todavía más contundente: una lista conjunta entre el partido de Erdan y Kajol Laban, de Gantz, apenas alcanzaría alrededor del 2,6% del voto, por debajo del mínimo requerido.
El liderazgo, otro obstáculo insalvable
Además de las dificultades electorales, las negociaciones quedaron bloqueadas por la disputa sobre quién debía encabezar la lista.
Según Ynet, Edelstein y Shaked consideraban imprescindible que la nueva formación estuviera liderada por una figura claramente identificada con la derecha para captar votantes desencantados del Likud. Gantz, por su parte, no estaba dispuesto a integrarse en un proyecto en el que no desempeñara un papel central.
Otros reportes indicaron que la insistencia de Gantz en encabezar cualquier candidatura común terminó paralizando los esfuerzos de reunificación. La consecuencia fue una creciente fragmentación del espacio político que pretendía precisamente evitar la dispersión del voto.
Erdan tira la toalla
La señal más clara del fracaso de la tercera vía llegó con la decisión de Gilad Erdan de retirar a su recién creado partido de la contienda electoral.
Al anunciar su salida, Erdan reconoció que el apoyo recibido no ofrecía perspectivas reales de superar el umbral electoral y que los intentos de fusionarse con otras fuerzas tampoco habían prosperado.
Más significativa aún fue su explicación política: afirmó que la mayoría de los israelíes está concentrada en decidir quién será el próximo primer ministro y no en respaldar la idea de un gobierno amplio de unidad nacional.
Sus palabras reflejan precisamente la dificultad que enfrentó todo el proyecto: la persistencia de una dinámica electoral basada en la figura de Netanyahu.
Regreso a la lógica de los dos bloques
Diversos analistas y medios israelíes describieron estas iniciativas como la tentativa de construir un “tercer bloque” capaz de actuar como fuerza de equilibrio entre los dos grandes campos políticos.
Sin embargo, a medida que se acerca la fecha límite para registrar candidaturas, la política israelí parece regresar a la misma estructura que ha dominado los últimos años: un enfrentamiento entre el bloque liderado por Netanyahu y una amplia coalición de fuerzas que buscan reemplazarlo.
La desaparición o debilitamiento de los proyectos impulsados por Shaked, Erdan, Edelstein y Gantz sugiere que, al menos en esta campaña, el electorado israelí no ha mostrado suficiente interés en una alternativa intermedia. La vieja división entre “pro Netanyahu” y “anti Netanyahu” continúa siendo el eje ordenador de la competencia política israelí.
Fuentes: Ynet, Ynetnews, The Jerusalem Post, Times of Israel, Israel Hayom y otros medios israelíes.





