Colonos israelíes ocuparon la aldea palestina de Qusra en Cisjordania, lo que derivó en un asedio con familias atrapadas y una fuerte polémica internacional. El episodio generó tensiones diplomáticas entre Israel y Estados Unidos, con declaraciones críticas del embajador estadounidense Mike Huckabee y respuestas de dirigentes israelíes como el ministro de Defensa Israel Katz.
El hecho comenzó cuando grupos de colonos israelíes levantaron un campamento en Qusra, cerca de Nablus, ocupando patios de viviendas palestinas y bloqueando accesos. Según Ynet, los colonos instalaron carpas y mobiliario, mientras soldados israelíes presentes no intervinieron para desalojarlos; incluso algunos fueron vistos rezando junto a ellos. Haaretz denunció que periodistas israelíes fueron impedidos de ingresar a la zona, declarada “área militar cerrada”, aunque esa restricción no se aplicó a los colonos. Testigos palestinos relataron que familias quedaron atrapadas dentro de sus casas, sin acceso a alimentos ni medicinas, mientras los colonos mantenían el cerco.
La agencia EFE confirmó que el Ejército israelí desmanteló parcialmente el puesto de avanzada, pero los colonos permanecieron en las inmediaciones, hostigando a dos familias palestinas, una de ellas con niñas pequeñas. Sólo uno de los colonos fue detenido, lo que generó críticas sobre la falta de aplicación de la ley. El diario Haaretz subrayó que este episodio se inscribe en un patrón creciente de violencia de colonos en Cisjordania, con la pasividad —e incluso complicidad— de sectores militares. La ONU, a través de su oficina de derechos humanos, calificó el asedio como “criminal” y exigió la retirada inmediata de los colonos, señalando que las familias afectadas permanecieron días sin agua ni electricidad.
La dimensión diplomática se hizo evidente cuando Mike Huckabee, embajador estadounidense en Israel, calificó las acciones de los colonos como “terrorismo” y “repugnantes”. Afirmó que “no hay excusa para un comportamiento tan brutal” y destacó que entre las familias palestinas asediadas había ciudadanos estadounidenses. Huckabee compartió videos en redes sociales mostrando el despliegue militar en la zona y aseguró que la intervención del Ejército israelí para retirar a los colonos se produjo “a petición de Estados Unidos”.
Sólo uno de los colonos fue detenido, lo que generó críticas sobre la falta de aplicación de la ley.
En paralelo, Israel Katz, ministro de Defensa de Israel, participó en la reinauguración del asentamiento de Ganim, en el norte de Cisjordania, y declaró: “Hemos regresado a Ganim y hemos regresado para quedarnos”. Su mensaje fue interpretado como una reafirmación de la política de expansión de colonias bajo el gobierno de Netanyahu. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que se había dado orden a las tropas para permitir que los residentes palestinos permanecieran en sus hogares y confirmaron el desmantelamiento parcial de los puestos de avanzada, aunque testigos señalaron que los colonos seguían presentes cerca de las viviendas.
Este cruce de declaraciones profundiza la tensión bilateral: Washington exige respeto al derecho internacional y protección de civiles palestinos, mientras sectores israelíes insisten en consolidar su presencia en lo que denominan “Samaria”, parte histórica de Israel según su narrativa. La postura de Huckabee resulta especialmente significativa porque, en el pasado, se mostró cercano al movimiento de colonos y crítico de la creación de un Estado palestino; su condena abierta refleja la gravedad del incidente.
En conclusión, la ocupación de Qusra por colonos israelíes no solo expuso la vulnerabilidad de las familias palestinas en Cisjordania, sino que también abrió un frente diplomático entre Israel y Estados Unidos. La cobertura de Ynet, Haaretz, EFE y organismos internacionales muestra un cuadro de violencia, impunidad y controversia política que amenaza con escalar en el contexto regional.





