El funeral de Khamenei y la nueva realidad regional

El multitudinario adiós al líder supremo iraní se convirtió en un mensaje de desafío hacia Estados Unidos e Israel, consolidando la posición de Teherán en torno al estrecho de Ormuz.

El funeral del ayatolá Ali Khamenei, celebrado el 6 de julio en Teherán, fue mucho más que una despedida nacional. Tal como informó Reuters en un artículo firmado por Samia Nakhoul, la masiva presencia de dolientes envió un mensaje claro: los intentos de Estados Unidos e Israel de quebrar la República Islámica no lograron debilitarla. Por el contrario, Irán se mostró unido, desafiante y decidido a moldear el nuevo orden regional tras meses de guerra.

En lugar de aparecer desgastado por el conflicto iniciado el 28 de febrero, Teherán buscó transformar la resistencia en palanca negociadora. Funcionarios y analistas citados por Reuters señalaron que el funeral simbolizó el momento en que Irán intentó convertir su capacidad de supervivencia en ventaja estratégica. El eje de esa estrategia es el estrecho de Ormuz, vital para el tránsito de petróleo y gas, que Irán considera su “diamante” frente a las “piruletas” de sanciones y activos congelados.

El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, lo expresó con claridad: “El Estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta eléctrica; debemos proteger adecuadamente esta bendición divina”. Según Reuters, Teherán está ralentizando deliberadamente las negociaciones nucleares para consolidar primero su control sobre Ormuz, consciente de que su ubicación geográfica es un activo más poderoso que el uranio enriquecido.

“El Estrecho de Ormuz es nuestra mayor herramienta eléctrica; debemos proteger  esta bendición divina”
Mohammad Bagher Qalibaf

Expertos como Alex Vatanka, del Middle East Institute, remarcaron que “la parte simbólica es más importante para los iraníes que los ingresos”, mientras que el exdiplomático estadounidense Alan Eyre advirtió que Irán “quiere institucionalizar ese control” mediante mecanismos de tránsito y coordinación. En la misma línea, Aaron David Miller, exnegociador de EE.UU. para Oriente Medio, sostuvo que la campaña militar de Washington no logró quebrar la influencia iraní y que el alto el fuego vigente es “un campo de batalla por derecho propio”.

 

La percepción compartida por analistas y diplomáticos es que Irán no cederá en Ormuz. Ebtesam Al-Ketbi, del Emirates Policy Center, afirmó que la guerra elevó al estrecho de ser un punto de presión a convertirse en una fuente duradera de influencia para Teherán. “Ahora que han encontrado este tesoro de Hormuz, no lo dejarán”, dijo.

Reuters concluye que Washington probablemente deba aceptar la reapertura del estrecho bajo condiciones dictadas en gran medida por Irán. En palabras de Eyre: “Nadie va a ganar, pero Irán perderá menos que Estados Unidos”.

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