A menos de una semana de las elecciones legislativas del 27 de octubre, Israel se encamina hacia uno de los comicios más inciertos de las últimas décadas. Las encuestas coinciden en que ni el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu ni la oposición encabezada por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot tienen garantizada una mayoría parlamentaria, lo que anticipa intensas negociaciones de coalición e incluso la posibilidad de una nueva etapa de inestabilidad política.
Los israelíes elegirán a los 120 miembros de la 26ª Knesset en los primeros comicios nacionales celebrados desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las posteriores guerras en Gaza, Líbano e Irán. La campaña ha estado dominada por cuestiones de seguridad nacional, la investigación de los fallos que permitieron el ataque de Hamás, el reclutamiento de los ultraortodoxos, la situación económica y el futuro de las relaciones con Estados Unidos y el mundo árabe.
La elección también funciona como un referéndum indirecto sobre los años de gobierno de Netanyahu, el dirigente más longevo de la historia israelí reciente.
Eisenkot emerge como el principal rival de Netanyahu
La gran novedad política de 2026 es el ascenso de Yashar, el nuevo partido liderado por Eisenkot. Diversos agregadores de encuestas sitúan a Yashar y al Likud prácticamente empatados como las dos principales fuerzas del país.
Los sondeos más recientes otorgan a Yashar entre 22 y 24 escaños, mientras que el Likud oscila entre 20 y 23, dependiendo de la encuesta que se tome, según señalan los principales medios israelíes consultados para este artículo.
Los sondeos más recientes otorgan a Yashar entre 22 y 24 escaños, mientras que el Likud oscila entre 20 y 23.
La irrupción de Eisenkot ha modificado profundamente el mapa político. Durante buena parte de 2024 y 2025 se consideraba que Naftali Bennett sería el principal desafiante de Netanyahu, pero la aparición del ex jefe militar dividió y reconfiguró el voto opositor.
Un Parlamento fragmentado
Pese al empate entre los dos grandes bloques, ninguna de las partes parece acercarse a los 61 escaños necesarios para formar gobierno.
Según varios promedios de encuestas:
- El bloque de Netanyahu ronda entre 49 y 54 escaños.
- El bloque opositor oscila entre 51 y 54.
- Los partidos árabes podrían obtener entre 13 y 14 escaños.
- Varias fuerzas menores se encuentran cerca del umbral electoral del 3,25 %, lo que puede alterar significativamente el resultado final.
Precisamente, los analistas israelíes subrayan que la elección podría no decidirse por el crecimiento de los grandes partidos, sino por el destino de las pequeñas listas que luchan por entrar en la Knesset.
El factor Bennett
Otro actor relevante es la alianza B’Yachad, impulsada por Bennett y respaldada por sectores del antiguo partido Yesh Atid. Las encuestas le atribuyen alrededor de 12 escaños, convirtiéndola en una posible fuerza bisagra en cualquier negociación futura.
Otro actor relevante es la lista impulsada por Bennett, respaldada por sectores del antiguo partido Yesh Atid.
Durante la recta final de la campaña, Bennett endureció su discurso de seguridad, prometiendo mantener una línea militar firme en Gaza y adoptando posiciones combativas frente a Catar, en un aparente intento de captar votantes de centroderecha desencantados con Netanyahu.
Las líneas rojas de las coaliciones
Uno de los aspectos más comentados en los medios israelíes es que la aritmética parlamentaria será insuficiente si los líderes mantienen los vetos cruzados anunciados durante la campaña.
Eisenkot ha reiterado que no participará en un gobierno encabezado por Netanyahu, incluso bajo fórmulas de rotación del cargo de primer ministro.
Por su parte:
- Los Demócratas, liderados por Yair Golan, rechazan integrar una coalición dirigida por Netanyahu.
- Avigdor Liberman mantiene sus profundas diferencias con los partidos ultraortodoxos.
- Los partidos árabes siguen siendo socios difíciles para gran parte de la derecha nacionalista.
- Las relaciones entre la extrema derecha de Itamar Ben Gvir y las listas árabes continúan siendo prácticamente incompatibles.
Estas líneas rojas explican por qué una coalición matemática puede resultar políticamente imposible.
La cuestión ultraortodoxa sigue dividiendo al país
El reclutamiento militar de los jóvenes ultraortodoxos continúa siendo una de las cuestiones más sensibles de la campaña. Las tensiones alrededor de las exenciones al servicio militar provocaron repetidas crisis en la coalición saliente y siguen enfrentando a partidos religiosos, nacionalistas y laicos.
Analistas de diversos medios consideran que este asunto será uno de los principales obstáculos durante las negociaciones postelectorales.
El papel de los partidos árabes
Si bien esta paradoja se analiza en nota aparte, sí podemos reiterar que las listas árabes podrían convertirse nuevamente en actores decisivos. Algunos sondeos otorgan entre 13 y 14 escaños combinados a la Lista Conjunta y a Ra’am.
Aunque la mayoría de los partidos sionistas descartan formalmente una coalición conjunta, varios observadores señalan que un gobierno minoritario apoyado externamente por fuerzas árabes no puede descartarse si el bloqueo parlamentario persiste.
Los escenarios que manejan los analistas
La prensa israelí e internacional coincide en cuatro escenarios principales:
- Una coalición liderada por Netanyahu, si logra atraer socios adicionales y evitar que partidos aliados queden por debajo del umbral electoral.
- Una coalición encabezada por Eisenkot, articulando a la amplia oposición anti-Netanyahu.
- Un gobierno minoritario, dependiente de apoyos parlamentarios externos.
- Un nuevo bloqueo político, que desemboque en otra convocatoria electoral tras meses de negociaciones infructuosas.
Conclusión
A seis días de las urnas, la principal certeza es la incertidumbre. Netanyahu conserva una base electoral sólida y una maquinaria partidaria experimentada, pero enfrenta un desgaste acumulado tras tres años marcados por la guerra y las disputas internas. Eisenkot, por su parte, ha conseguido transformarse en la figura emergente de la oposición, aunque aún no ha demostrado que pueda reunir la compleja mayoría necesaria para gobernar.
Más que una competencia entre dos partidos, la elección del 27 de octubre parece una disputa entre múltiples bloques cuyas posibilidades dependerán no sólo del voto popular, sino también de la capacidad de construir alianzas en un Parlamento extraordinariamente fragmentado.






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