ANÁLISIS. El petróleo resiste: por qué no se disparan los precios tras cinco meses de guerra

Producción récord en EE.UU., rutas alternativas en el Golfo y una demanda moderada en Asia han evitado un shock de precios pese al bloqueo de Ormuz.

Han pasado cinco meses desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán y del bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, pero los precios del petróleo no han registrado el salto que muchos analistas anticipaban. Reuters y Associated Press destacan que, a pesar de la tensión militar y de los ataques a buques en la zona, el Brent se ha mantenido en niveles relativamente estables. La explicación no reside en la ausencia de riesgo, sino en la capacidad de los principales actores de compensar el déficit con producción adicional, reservas estratégicas y rutas alternativas.

Estados Unidos ha sido el principal amortiguador. La producción doméstica alcanzó cifras récord, superando los 13 millones de barriles diarios, mientras la administración liberó cientos de millones de barriles de su Reserva Estratégica. Esto permitió cubrir parte de la caída de suministros desde el Golfo y enviar señales de estabilidad al mercado. Medios estadounidenses como The New York Times subrayan que la política energética de Washington se ha convertido en un instrumento de seguridad nacional, capaz de neutralizar el impacto inmediato de la crisis.

La explicación no reside en la ausencia de riesgo, sino en la capacidad de compensar el déficit con producción adicional, reservas estratégicas y rutas alternativas.

Los países árabes productores también jugaron un rol decisivo. Arabia Saudita incrementó sus exportaciones desde el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, mientras Emiratos Árabes Unidos desvió volúmenes a través de oleoductos internos que evitan Ormuz. Kuwait e Irak, aunque con menor capacidad, buscaron alternativas similares. Al Jazeera y medios regionales señalan que esta flexibilidad logística ha sido clave para sostener la oferta global y evitar un shock de precios.

Otro factor ha sido la reducción de la demanda en China, el mayor importador mundial. La transición hacia taxis eléctricos, la caída en la producción petroquímica y un crecimiento económico más moderado redujeron la presión sobre el mercado. Esto, sumado a inventarios comerciales elevados en Europa y Asia, contribuyó a mantener el equilibrio.

Perspectivas y riesgos

La estabilidad actual no significa que el mercado esté blindado. El FMI advierte que el uso intensivo de reservas estratégicas limita el margen de maniobra ante nuevas contingencias. Además, la entrada de los hutíes en el Mar Rojo y la presión sobre el estrecho de Mandeb podrían generar un shock simultáneo en dos corredores estratégicos. En ese escenario, los amortiguadores actuales –producción extra, reservas e inventarios– podrían resultar insuficientes.

Conclusión

La guerra y el bloqueo de Ormuz han puesto a prueba la resiliencia del mercado energético global. Hasta ahora, la combinación de producción récord en EE.UU., rutas alternativas en el Golfo y una demanda moderada en Asia ha evitado un salto en los precios. Sin embargo, la prolongación del conflicto y la posibilidad de un cierre simultáneo de Ormuz y Mandeb mantienen latente el riesgo de una crisis energética de mayor escala.

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