ANÁLISIS. Los enfrentamientos en Cisjordania y Nablus reavivan la tensión, mientras Netanyahu promete medidas contundentes y la oposición busca capitalizar el descontento en vísperas de las elecciones del 27 de octubre.
La política israelí se encuentra atrapada en un torbellino de violencia y campaña electoral. En los últimos días, dos hechos paralelos han marcado la agenda: ataques palestinos con víctimas israelíes y una ola de violencia de colonos en Nablus que dejó muertos palestinos. Ambos episodios, aunque distintos en origen, se entrelazan en un contexto de creciente polarización y de inminentes elecciones parlamentarias.
Violencia y narrativas contrapuestas
Según Ynet y Reuters, un palestino abrió fuego contra israelíes en Cisjordania tras robar el arma de un guardia, causando la muerte de dos civiles. El Ejército respondió con fuego, matando a cuatro palestinos. Este tipo de ataques, catalogados como “terroristas” por las autoridades israelíes, refuerzan la narrativa oficial de que la seguridad nacional está bajo amenaza constante.
En paralelo, Al Jazeera y la agencia palestina WAFA informaron sobre un ataque de colonos israelíes en la aldea de Tell, cerca de Nablus. Testigos denunciaron que colonos, acompañados por soldados, incendiaron viviendas y vehículos, disparando contra civiles. Al menos cuatro palestinos murieron. Para los medios palestinos, se trató de un “pogromo” con complicidad militar. Haaretz, desde la perspectiva israelí crítica, subrayó que la violencia de colonos se ha intensificado y que el gobierno ha respondido con medidas que legitiman nuevos asentamientos, lo que agrava la tensión.


La divergencia entre fuentes es evidente. Mientras AP e Ynet destacan el carácter terrorista del ataque palestino y justifican la respuesta militar, Al Jazeera pone el foco en la violencia de los colonos y en la falta de protección a la población palestina. Haaretz se sitúa en un punto intermedio: reconoce la amenaza de los atentados palestinos, pero advierte que la política de asentamientos y la permisividad hacia los colonos alimentan un círculo de violencia difícil de contener.
El telón de fondo electoral
El 17 de julio, la Knesset se disolvió y fijó elecciones para el 27 de octubre de 2026. En este clima, la seguridad se convierte en el eje central de la campaña. El primer ministro Benjamin Netanyahu, debilitado por la guerra en Gaza y por la erosión de su coalición, intenta capitalizar el miedo y presentarse como garante de la estabilidad. Sin embargo, encuestas citadas por Haaretz y Reuters muestran al exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, en ascenso, con un discurso que combina firmeza en seguridad con promesas de institucionalidad.
El primer ministro Benjamin Netanyahu intenta capitalizar el miedo y presentarse como garante de la estabilidad.
La simultaneidad de ataques palestinos y violencia de colonos expone la fractura interna de Israel. Por un lado, Netanyahu y sus aliados de derecha utilizan los atentados para reforzar su narrativa de mano dura. Por otro, la violencia de los colonos israelíes erosiona la legitimidad internacional de Israel y abre un flanco de vulnerabilidad política. La oposición busca capitalizar ese desgaste, presentándose como alternativa capaz de frenar la espiral de violencia y recomponer las instituciones.
En el plano internacional, la expansión de asentamientos ilegales y los ataques en Nablus han generado condenas de la ONU y la Unión Europea, según Reuters y AP. Esto coloca a Israel en una posición incómoda: necesita mostrar fortaleza interna mientras enfrenta crecientes críticas externas.


